Los orígenes
La domesticación,
cultivo y consumo del cacao fueron
realizados por los toltecas, aztecas y mayas hace unos 2.000 años; sin embargo,
investigaciones recientes indican que al menos una variedad de cacao tiene su
origen en la Alta Amazonía, hace 5 000 años.
Cuando los españoles llegaron a América, los granos de cacao
eran usados como moneda y para preparar una deliciosa bebida y, un siglo
después, las semillas fueron llevadas a Europa donde desarrollaron una receta
añadiéndole vainilla y dulce.
Fue recién a finales del siglo XIX que, luego de varias
experimentaciones, los suizos lograron producir el primer chocolate de leche,
empezando así una industria mundial.
En la segunda mitad del siglo XVI, este rentable negocio
atrajo el interés de empresarios guayaquileños y, en 1600, ya se tenían las
primeras cosechas, siempre a orillas de los afluentes río arriba de Guayaquil,
por lo que es conocido en el mundo como Cacao de Arriba.
Existen registros de que Ecuador produce cacao desde 1780,
pero en 1911 fue cuando llegó a ser uno de los mayores exportadores. Hoy, la
mayor parte del cacao exportado por Ecuador corresponde a una mezcla de
Nacional y Trinitarios introducidos en 1930 y 1940, y se define como Complejo
Tradicional.
El desarrollo de los cultivos Producción para establecer una
plantación de cacao se requiere obtener la superficie adecuada, que permita una
producción sustentable. La zona escogida debe tener tanto el tipo de suelo como
las condiciones climáticas adecuadas, para asegurar el establecimiento de una
plantación productiva con las labores
mínimas necesarias.
En cuanto al establecimiento de una plantación de cacao, esta
incluye los costos de instalación: preparación del suelo, plantación de los
árboles de sombra y de cacao, podas de formación, control de malezas,
aplicación de fertilizantes y otros productos. Asimismo se requiere la construcción de la
infraestructura que incluye caminos internos, canales de drenaje y riego,
viveros, fermentadores y secadoras.
Por el lado del mantenimiento de la plantación, esta requiere
de desembolsos que cubran la oportuna realización de prácticas culturales:
podas de mantenimiento, control de malezas, aplicaciones de fertilizantes,
fungicidas y otros pesticidas, cosecha y beneficio posterior del grano. También
hay que destacar que la mayoría de los productores prefiere utilizar métodos de
prevención y de control naturales, pese a no contar con certificaciones de ser
orgánicos.

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